En un mortero se prepara un majado de ajo y perejil, que sazonaremos al gusto y que mezclaremos con pan rallado, de pueblo si puede ser. En un recipiente aparte, se mezcla medio sobre de levadura con medio vaso de leche tibia, que se integra con la mezcla anterior. Se remueve y se va creando una pasta que suavizaremos con la aportación de medio vaso de aceite de oliva. En el caso de que endurezca demasiado, puede corregirse añadiendo un poco de leche. Aunque quede una mezcla algo clara, reservar a la espera de que espese por acción de la levadura.
Mientras, se baten dos huevos que verteremos a la mezcla principal, admitiendo en este momento la receta (opcional) la aportación de unas migas de bacalao desalado. Finalmente, la mezcla debe resultar espesa y moldeable. Con ayuda de dos cucharas, se elabora la masa con forma de huevo. Una vez conseguido este aspecto y con el aceite muy caliente, se fríen hasta dorar, reservando en un plato.
A continuación, con un caldo de verduras o de pescado y un par de hojas de laurel, se cuecen los ajohuevos durante unos 20 minutos. Se trocean los pimientos secos y se vuelcan a la mezcla, con piel, manteniendo un pequeño hervor a fuego lento. En otra sartén, con un poco de aceite de oliva, se tuesta un poco de harina, un poco de pimentón dulce (sin quemar) y una cucharadita de tomate triturado. Se vuelca a la cazuela principal y se deja rehogar todo durante 5 minutos más. Se deja reposar unos minutos y se sirven acompañados de su salsa.